El ciudadano en las crisis

Es lunes. Un ciudadano enciende el televisor para ver las noticias, y observa con atención los titulares que aparecen en pantalla: inflación, enriquecimiento ilícito, protestas, falta de empleo, pobreza; todo aquello como resultado de la radiografía de su país. Se preocupa, claro que sí, porque él es un buen ciudadano y no quiere presenciar el hundimiento de su país. Sin embargo, para sus adentros, sonríe.

En la actualidad, hay una tendencia a ver noticias desesperanzadoras con un tinte esperanzador. Los tópicos más negativos, como los mencionados en el párrafo de arriba, se revisten de optimismo cuando el espectador presiente que a partir de esos deslices gubernamentales el régimen no durará mucho tiempo en el poder, que caerá en las próximas elecciones o que sucumbirá ante una manifestación masiva, que los ciudadanos que ven todo perfecto se darán cuenta de lo que realmente sucede en el país, y que el reino infernal de los gobernantes corruptos podría cesar en cualquier momento. No obstante, esa pequeña alegría al ver cómo nuestro país se hunde ante un gobierno no nos deja ver lo elemental: básicamente, que nuestro país se está destruyendo. Más allá del régimen que esté presente, más allá del estar de acuerdo con sus políticas o no, hay una situación de crisis que nos está marcando, que puede afectar a las generaciones presentes y futuras. Que haya inflación y que los sueldos no alcancen, que más familias se vean desprovistas de  sus necesidades básicas, que la mayoría de la gente no pueda conseguir trabajo no es digno de festejo.

La gente espera el milagro. El lema “que se vayan todos”, que ya se escuchó en su momento, vuelve a sentirse en las calles de varios países como esa sirena que suena en momentos de catástrofe. Pero, ¿está seguro de querer aquello a cualquier precio? Muchos países en el mundo recibieron sus “milagros” cuando sus gobiernos fueron derrocados, y las cicatrices que dejaron fueron (y son) irreparables.

La memoria y el discernimiento del ciudadano, hoy en día, están en crisis: lo que es negativo se convierte en positivo, el derrocamiento se vuelve milagro, la enfermedad se torna cura, la democracia se traduce en un solo y único gobierno, la violencia y la intolerancia se transforman en el lema de la nación. Sí, el ciudadano (cuando ve una noticia), para sus adentros, sonríe, pero muy en el fondo de su corazón, llora.

Pero shh, que quede entre nosotros.