Jubilados que no entienden nada: el hitazo del verano

Las campañas publicitarias en Argentina, históricamente, siempre tuvieron picos altos durante el verano. Propagandas de cervezas, de gaseosas, de líneas telefónicas lograron aclimatar el hogar, y le otorgaron a los más tímidos temas para conversar. Incluso, haciendo un poco de memoria, podemos acordarnos de “La llama que llama”, la canción de clavar la sombrilla, la boda de los González y los García…

Ya casi finalizado la temporada de calor, podemos hacer un balance de los spots que recorrieron las pantallas argentinas. “Ponete el cinturón”; “¡Vamos Manaos!”, el chiste del veneno para cucarachas; todas ellas quedaron (y seguro quedarán) en la memoria del televidente. Sin embargo, durante el verano, se transmitió una propaganda que llamó la atención del espectador no por su mensaje, sino por la forma en la que refleja una situación tan cotidiana como hacer las compras.

El siguiente spot apareció en la televisión a principios de febrero. En este, se observa a una jubilada comprando en un supermercado, al mismo tiempo que verifica en una lista los Precios Cuidados:

Más allá del mensaje que este spot quiere transmitir (es decir, anunciar una política nueva) y de si ésta es buena o no, y más allá de que esto sea una actuación, la publicidad no deja de generar en el espectador escozor y miedo. Según lo visto, un/a jubilado/a promedio lo dice casi todo en diminutivo (carrito, listita, revistita) como si tuviera una imposibilidad cerebral para hablar como un adulto. Además, apenas puede escribir o leer bien una lista de compras (la jubilada del spot no sabe si escribió jabón o jamón) como si le fallara la memoria, o como si el analfabetismo la hubiera atacado a la noche cual gripe al desabrigado. Casi al final, la actriz saluda a los cajeros con un “hola chicos” tímido, como si fuera un nene de cuatro años que le habla al colectivero. Hablemos en serio, ¿realmente ese es el estereotipo de un jubilado promedio?

Los abuelos son adultos mayores, no pánfilos. Hasta en la Antigüedad eran considerados sabios por la experiencia que llevaban consigo. Que tengan achaques no significa que no puedan tener dignidad, que no puedan discernir, que no puedan hablar con propiedad y adultez. Tengan la edad que tengan, estén en las condiciones que estén, ellos siempre serán nuestros padres, abuelos, y educadores de toda la vida, y es un horror que se los trate como si fuesen estúpidos por el simple hecho de que tienen más edad que nosotros. Siguiendo esa lógica, si un jubilado es más incapaz que un adulto, un adulto es más incapaz que un niño. ¡Que gobiernen los niños, entonces!

Tenemos que sacar el estereotipo del “abuelo que no sabe nada”, “que no entiende nada”, “que no sabe lo que dice”. En primer lugar porque sí, ellos saben lo que dicen y hacen. ¿Y saben por qué más? Porque algún día nosotros vamos a estar de ese lado.

Pero shh, que quede entre nosotros.